El control parental de las plataformas de juego es mucho mejor de lo que la mayoría de las familias cree, y mucho menos usado de lo que debería. No es un interruptor de “prohibir”: son cuatro controles independientes, y casi siempre solo hace falta activar uno o dos.
Antes de tocar nada, conviene decidir qué problema quieres resolver. Son distintos:
- Tiempo. Cuántas horas y en qué franjas.
- Gasto. Que no aparezcan cargos inesperados en la tarjeta.
- Chat. Con quién puede hablar y quién puede escribirle.
- Contenido. Qué clasificación de edad puede abrir.
Activar los cuatro a la vez en un adolescente de dieciséis años suele terminar en una carrera de armamentos doméstica. Elegir el que importa funciona mejor.
PlayStation
Los controles se administran desde la cuenta del adulto responsable de la familia, no desde la consola del menor. Se pueden configurar en la consola, desde la web de la cuenta o desde la aplicación móvil de PlayStation.
Lo que se puede fijar: tiempo de juego diario y horarios permitidos, límite mensual de gasto para la cuenta del menor, restricción por clasificación de edad para juegos y para contenido web, y control de comunicación y contenido generado por otros usuarios.
El límite de gasto es la función más útil y la menos conocida: en lugar de quitar la tarjeta, fijas un monto mensual. Todo lo que exceda ese monto simplemente no se puede comprar.
Xbox
Xbox trabaja con un grupo familiar de Microsoft y una aplicación dedicada (Xbox Family Settings) que permite administrar todo desde el celular, incluso mientras el menor está jugando.
Lo que se puede fijar: tiempo de pantalla por día y por dispositivo, aprobación previa para cada compra, filtro de contenido por clasificación, restricciones de multijugador y de chat, y un informe periódico de actividad.
La aprobación de compras es la opción recomendada por defecto: el menor puede pedir un juego y llega una notificación al celular del adulto, que acepta o rechaza. Evita la conversación incómoda posterior y no requiere quitar el método de pago.
Nintendo Switch
Nintendo separa dos cosas: los controles que se configuran en la propia consola y los que se manejan desde la aplicación Control parental de Nintendo Switch en el celular.
En la consola se establecen las restricciones de contenido, de comunicación entre jugadores y de publicación en redes sociales. Desde la aplicación móvil se añade lo que la consola no puede hacer sola: límite de tiempo diario, hora de fin de jornada y un resumen de qué juegos se usaron y por cuánto tiempo.
Un detalle importante que confunde a muchas familias: el control parental de Switch se aplica a la consola completa, no a un usuario concreto. Si el equipo es compartido, afecta a todos.
Las compras de la eShop se restringen desde la configuración de la cuenta Nintendo del adulto, en un lugar distinto al de los controles de la consola.
Android
Se administra con Family Link, la aplicación de Google para supervisar la cuenta de un menor. Permite fijar un límite diario de uso, una hora de descanso en la que el dispositivo se bloquea, y conceder tiempo extra puntual cuando tiene sentido.
Aparte, y de forma independiente, están las restricciones de contenido de Google Play: se configuran con un PIN dentro de la propia tienda y limitan qué aplicaciones y juegos se pueden descargar según la clasificación de edad.
Dos advertencias que la documentación de Google señala y conviene tener presente: las restricciones de contenido se aplican al dispositivo donde se configuraron, y no impiden que el contenido restringido aparezca en resultados de búsqueda o mediante un enlace directo.
Para el gasto, lo eficaz es exigir autenticación para cada compra dentro de la tienda, además de no dejar el método de pago guardado.
iPhone y iPad
Los controles están en Tiempo de uso, dentro de los ajustes del sistema, protegidos por un código distinto al de desbloqueo. Permiten límites de tiempo por aplicación y por categoría, tiempo de inactividad programado, restricciones de contenido por edad y —el punto clave— exigir aprobación del adulto para compras y descargas mediante Compartir en familia.
Qué controlan mal todos ellos
Vale la pena decirlo porque genera falsa tranquilidad:
- El chat dentro del juego. Bloquear el chat de la plataforma no bloquea el chat interno de un juego concreto, ni los servidores de voz de terceros donde suele ocurrir la conversación real.
- Los dispositivos que no controlas. La casa de un amigo, el celular de otra persona.
- Los contenidos sobre el juego. Videos, transmisiones y comunidades quedan fuera del alcance del control parental de la consola.
- Las estafas. Ningún filtro de edad detecta una oferta de diamantes baratos por WhatsApp. Eso se previene con conversación y con el método de pago fuera de alcance.
Las clasificaciones de edad, en corto
Los juegos llevan una clasificación —ESRB en América, PEGI en Europa— y ambas incluyen descriptores que explican por qué tienen esa edad: violencia, lenguaje, juego simulado con apuestas, compras dentro de la aplicación.
Ese último descriptor es el más útil y el que casi nadie lee. Un juego perfectamente apropiado por contenido puede estar construido alrededor de una tienda que empuja a comprar todos los días.
La parte que no es técnica
Los controles funcionan mejor cuando no son un descubrimiento. Explicar qué se activó y por qué —“el límite de gasto está para que no pase lo del mes pasado”, no “no confío en ti”— evita que la energía se gaste en buscar cómo saltarse el sistema, que es algo en lo que los adolescentes son notablemente buenos.
Y una función que la mayoría ignora: los informes de actividad. Saber que jugó cuatro horas un sábado es información. Recibir un aviso de que intentó descargar un juego para mayores es el comienzo de una conversación mejor que la de revisar el celular a escondidas.